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Hidalgo México, el sabor que nace de la tierra

by Food Design Magazine
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Elizabeth Quintanar Gómez, secretaria de Turismo del Gobierno de Hidalgo México.
Hidalgo vuelve al origen: fuego vivo, cocina prehispánica y 1.500 cocineras que transforman la tradición en una experiencia de viaje y sabor

Fitur nos dejó momentos muy cordiales y cercanos cómo el que pudimos vivir con la secretaria de Turismo del Gobierno de Hidalgo México, Doña Elizabeth Quintanar Gómez, con la que pudimos comentar la cultura gastronómica de su estado.

Viajar también es comer y en Hidalgo, comer es una forma de volver al origen. No al pasado como recuerdo, sino al origen como experiencia viva. Aquí, la gastronomía no se presenta como espectáculo: se comparte, se huele desde el campo y se escucha crepitar en el fuego.

Cuando hablo de la cocina hidalguense, hablo de tierra, de manos y de tiempo. De un territorio donde el alimento no recorre kilómetros innecesarios antes de llegar al plato. Por eso impulsamos un concepto que hoy define nuestra manera de cocinar y de vivir: Cero Kilómetros. Lo que se siembra, se cocina. Lo que se cosecha, se celebra.

Lechugas recién cortadas, hierbabuena, hoja santa, jitomate, zanahoria, pepino. Ingredientes simples, honestos, que encuentran su mejor versión cuando pasan directo de la tierra al fogón. Para quien visita Hidalgo, esta experiencia se vuelve sensorial: ver la cosecha, oler el campo, probar la temporada.

Volver a lo esencial también es lujo

En un mundo acelerado, lo auténtico se ha convertido en el verdadero lujo. Volver a lo esencial, a las raíces, a los sabores originales, es una elección consciente. En Hidalgo, esta filosofía se vive a través de nuestras cocinas tradicionales y de festivales que no buscan reinventar, sino preservar.

Cada primer sábado de abril, Santiago de Anaya se convierte en un destino imprescindible para los amantes de la gastronomía con sentido. Aquí se celebra el festival más importante de cocina tradicional hidalguense, un encuentro que invita a viajar muchos siglos atrás, antes del encuentro de los dos mundos.

El lema es tan provocador como honesto: “Todo lo que camina, corre y vuela va a la cazuela”. Y lo que parece una frase extrema, se transforma en una lección de respeto por la naturaleza y aprovechamiento total del entorno.

Cocinar como se hacía antes, saborear como nunca

Este no es un festival común. Aquí no hay acero inoxidable ni peltre. Se cocina exclusivamente en barro, a fuego vivo y con utensilios de madera. Las recetas son ancestrales, transmitidas de generación en generación por mujeres que han hecho de la cocina un acto de identidad.

Más de 1.500 cocineras tradicionales se reúnen bajo una gran carpa. Cada una trae consigo su región, su historia y su sazón. No hay competencia: hay comunidad.

Aquí se vive la entomofagia como parte natural de la cultura alimentaria. Chimicuiles, gusanos de maguey, escamoles —considerados un manjar— conviven con flores de biznaga, gualumbos y hierbas silvestres. También se cocinan proteínas que sorprenden al visitante urbano: tlacuache, víbora, rata de campo, coyote o zorro.

La sorpresa inicial pronto se convierte en curiosidad. Y la curiosidad, en placer.

El ingrediente secreto: el tiempo

Abril es el mes perfecto. Florecen árboles, brotan ingredientes únicos y las cocineras salen a recolectar antes del amanecer. Algunas realizan pequeños rituales: retirar el corazón de una flor para evitar el amargor, separar con cuidado los insectos, agradecer a la tierra.

Luego, el fuego. Encendido directamente sobre el suelo. El humo se mezcla con aromas de chile, ajo, cebolla y jitomate. Cocinar aquí no es rápido. Y eso también es parte del encanto.

Cuando la tradición se hereda

Preservar la gastronomía no es solo cocinarla, es enseñarla. Por eso, desde el Gobierno del Estado de Hidalgo impulsamos una experiencia única dentro del festival: los niños cocinan.

Más de 250 niñas y niños, de entre seis y doce años, preparan una receta tradicional completa. Lo hacen solos, acompañados únicamente por una abuela o una madre que cuida el fuego. La receta queda en sus manos y en su memoria.

Ese momento asegura que la cocina hidalguense no será una moda pasajera. Será futuro.

Hidalgo: un destino que se saborea

Hablar de Hidalgo hoy es hablar de un destino gastronómico con identidad. Un lugar donde la cocina es resistencia, cultura viva y experiencia sensorial. Donde el diseño no está en el plato, sino en la manera de preservar lo esencial.

Quien nos visita descubre que aquí se come bien, sí.
Pero, sobre todo, se come con sentido.

Hidalgo no se prueba una sola vez, Se recuerda y se vuelve.