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Jesús Eduardo de los Santos, La Raicilla el destilado prohibido que seduce con siglos de antigüedad

by Food Design Magazine
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Jesús Eduardo De Los Santos Mendoza. Subdirector de Turismo. Bahía de Banderas, Nayarit, México con Fernando Martínez, director general de EYPASA
Prohibida durante siglos, La Raicilla resurge como destilado artesanal que une territorio, diseño y memoria líquida mexicana viva hoy

Jesús Eduardo De Los Santos Mendoza. Subdirector de Turismo. Bahía de Banderas, Nayarit, México nos descubre "La raicilla", una bebida alcohólica artesanal mexicana, con denominación de origen en Jalisco y parte de Nayarit, producida desde el siglo XVI a partir de agaves silvestres
Hubo un tiempo en el que La Raicilla se destilaba en silencio. Prohibida durante la época colonial, relegada frente al vino impuesto y eclipsada más tarde por el tequila y el mezcal, esta bebida de agave sobrevivió gracias a la terquedad creativa de sus maestros raicilleros. Hoy, siglos después, regresa no como moda, sino como revelación.

Para el mundo es novedad. Para México, memoria líquida.

La raicilla es un destilado de agave con identidad propia. Familiar del tequila, sí, pero radicalmente distinta. Mientras el tequila se ciñe al agave azul, la raicilla nace de cinco variedades distintas, entre ellas agave angustifolia y rhodacantha, lo que da lugar a un perfil sensorial más complejo, menos domesticado, profundamente territorial.
No hay raicilla industrial. Y ahí empieza su encanto.

Artesanía, origen y diseño.

Producida exclusivamente en Bahía de Banderas, Nayarit, y en algunos municipios de Jalisco, la raicilla cuenta con denominación de origen, una garantía que no solo protege el producto, sino el relato cultural que lo rodea. Cada botella es distinta porque cada maestro raicillero lo es. El tipo de horno, el método de destilación, la graduación alcohólica y el tiempo imprimen matices únicos.

En el universo del food design, la raicilla destaca también por su objeto: botellas honestas, gráficas que narran el territorio y una estética que huye de la estandarización. No busca parecerse a nada. Y por eso funciona.

El sabor del fuego que permanece en boca, la raicilla se presenta intensa, profundamente ahumada, con un carácter que se queda en el paladar. No es un destilado complaciente: exige atención. Funciona sola, en un pequeño vaso, pero despliega nuevas capas cuando entra en diálogo con la coctelería contemporánea o con la gastronomía, adaptándose a ingredientes y platos sin perder su identidad.
Es fuego, tierra y tiempo.

Un destilado con futuro, la raicilla vive hoy un momento clave. Apoyada por iniciativas locales, por el trabajo del Consejo Mexicano Regulador de la Raicilla y por una nueva generación de promotores del territorio, empieza a posicionarse como lo que siempre fue: un producto cultural de alto valor gastronómico.

Desde ferias especializadas hasta proyectos de destino agavero, como los impulsados en Valle de Banderas, la raicilla se abre camino hacia las mesas del mundo. No como tendencia pasajera, sino como lenguaje.

Porque hay bebidas que se beben.
Y  otras, como la raicilla, que se diseñan, se cuentan y se recuerdan.