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María Plascencia, la gastronomía de Guadalajara, Jalisco, pilar fundamental del patrimonio cultural de México

by Food Design Magazine
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María Plasencia Directora de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara junto a Fernando Martínez director de la revista Food Design Magazine
México se sirve en España: Jalisco, el territorio donde la gastronomía cuenta su historia.


Aprovechamos el paso de doña María María Plascencia Pérez, directora de Turismo en Guadalajara, por FITUR para conversar con ella sobre la Cultura Gastronómica de Guadalajara, Jalisco y agradecerle que nos traiga un pedacito de México a nuestro país, España.

Entre tortas ahogadas, tejuino helado y tequila con denominación de origen, la cocina jalisciense cruza el Atlántico para recordarnos que viajar también es comer un territorio.

España abre sus puertas a México, y México responde como mejor sabe hacerlo: con comida. No como simple degustación, sino como relato cultural, como identidad viva que se expresa a través del fuego, el maíz, el chile y la memoria. La llegada de Jalisco a suelo español no es solo un gesto diplomático o turístico; es una invitación directa al paladar, una experiencia sensorial que conecta dos países unidos por la mesa.

Hablar de turismo es, inevitablemente, hablar de gastronomía. Porque al final del día —después de los paisajes, los museos y las caminatas— siempre acabamos sentados frente a un plato. Y en el caso de México, ese plato es patrimonio. Literalmente. La gastronomía mexicana, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, no se entiende sin su profundo vínculo con la tierra, las técnicas ancestrales y la vida cotidiana.

Jalisco: un terruño que se come

Dentro de ese vasto mapa culinario que es México, Jalisco ocupa un lugar especial. Guadalajara, su capital, no solo es cuna de tradiciones musicales y deportivas, sino también de algunos de los platillos más identitarios del país. Aquí, la comida no se suaviza para el visitante: se presenta tal cual es, intensa, directa, auténtica.

La torta ahogada es quizás el ejemplo más claro. Un bolillo relleno de carne de cerdo, completamente sumergido en una salsa de chile picante y jitomate. No se prueba: se enfrenta. Es una experiencia fuerte, casi ritual, que todo viajero debe vivir al pisar Jalisco. Para los locales, no es solo un platillo; es una declaración de carácter.

Otro emblema es la carne en su jugo, un guiso que desconcierta desde el nombre y enamora al primer bocado. Cocida lentamente en su propio jugo, acompañada de frijoles, tocino y otros elementos que potencian el sabor, es una muestra de cómo la cocina tradicional mexicana sabe convertir la sencillez en profundidad.

Estos platillos no buscan reinterpretaciones sofisticadas ni montajes minimalistas. Su diseño está en la receta misma, en la técnica heredada, en el equilibrio preciso entre ingredientes que han sobrevivido generaciones.

Bebidas que cuentan el clima y la historia

Si la comida define el carácter, las bebidas cuentan el contexto. En Jalisco, el calor, la calle y la vida cotidiana se beben en forma de tejuino: una bebida fermentada, refrescante, ligeramente ácida, servida con hielo y pensada para acompañar los días intensos del verano. Es consumo diario, tradición viva, diseño funcional antes de que el término existiera.

Y luego está el tequila, quizás el embajador más reconocido de México en el mundo. Más que una bebida, es un símbolo de origen, de territorio y de denominación protegida. Del pueblo de Tequila al mundo, este destilado representa cómo un producto local puede convertirse en identidad global sin perder autenticidad.

Comer México: del centro histórico al mundo

La experiencia gastronómica en Guadalajara se vive con especial intensidad en su centro histórico, donde los restaurantes conservan la esencia más tradicional. Allí conviven tostadas, quesadillas, tortitas y una diversidad de sabores que permiten al visitante entender la amplitud de la cocina mexicana.

Porque México no es una sola cocina, sino muchas. Aunque algunos platillos no sean originarios de Jalisco —como los chiles rellenos— forman parte de un imaginario colectivo que el mundo ya reconoce y disfruta. Comer en México es recorrer regiones sin moverse de la mesa.

Cocineros como embajadores culturales

En esta expansión internacional de la gastronomía mexicana, los cocineros juegan un papel clave. Son ellos quienes han sabido llevar técnicas ancestrales, ingredientes nativos y sabores intensos a escenarios globales, sin diluir su esencia.

Semillas, chiles, fermentos y preparaciones prehispánicas dialogan hoy con formatos contemporáneos, convirtiendo a la cocina mexicana en una de las más influyentes del mundo. No es casualidad que casi no exista país sin un restaurante mexicano: su lenguaje es universal, pero su acento es inconfundible.

Incluso aquellos elementos que sorprenden —como los chapulines— forman parte de esta narrativa. Al principio desconciertan, luego seducen. Crujientes, intensos, cargados de historia, funcionan como recordatorio de que comer también es atreverse.

Gastronomía, deporte y futuro

La conversación gastronómica se cruza ahora con otro gran escenario: el deporte. Guadalajara se prepara para recibir eventos internacionales de primer nivel, incluido el Mundial de Fútbol, donde incluso España tendrá presencia. La ciudad se alista no solo con estadios, sino con mesas llenas.

Porque recibir al mundo implica alimentarlo. Y Jalisco sabe hacerlo.

Diseñar el recuerdo

Food Design Magazine observa este encuentro entre México y España como algo más que una muestra culinaria. Es un ejercicio de diseño cultural: cómo un territorio se presenta, cómo se narra a través del sabor, cómo convierte la comida en experiencia memorable.

Aquí, la gastronomía no es accesorio del viaje. Es el motivo. El recuerdo que permanece. La razón por la que alguien vuelve.

México no solo se visita. México se come.
Y cuando Jalisco se sirve en España, lo que llega a la mesa es mucho más que un plato: es una historia completa, lista para ser degustada.